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EL QUE ELIGE Y EL QUE CONSAGRA ES DIOS

Todavía no comprendo cómo pudiste pensar en mí Señor. Todavía no me acostumbro a saber que, estuviera en tu mente antes de que se iniciase mi vida ¿qué viste en mí para elegirme como hijo? ¿Qué te impulsó a pensar en mi creación?

Yo sé que, para todo esto sólo hay una respuesta, yo sé que todo es fruto de tu amor. Y precisamente porque soy consciente de ello, quiero gritarte con el corazón: “Te doy gracias porque me has elegido portentosamente”

Todavía no comprendo cómo pudiste pensar en mí Señor. Todavía no me acostumbro a saber que, estuviera en tu mente antes de que se iniciase mi vida ¿qué viste en mí para elegirme como hijo? ¿Qué te impulsó a pensar en mi creación?

Yo sé que, para todo esto sólo hay una respuesta, yo sé que todo es fruto de tu amor. Y precisamente porque soy consciente de ello, quiero gritarte con el corazón: “Te doy gracias porque me has elegido portentosamente”

 

                                        MOMENTO DE ORACIÓN

Señor, hoy queremos encontrarnos contigo a solas, sosegadamente, sin tensiones… abiertos al mundo de la fe y a la presencia viva de la cercanía contigo.

Porque, necesitamos Señor, darte las gracias por tanto  amor recibido.

FUI ELEGIDO

En un tiempo remoto. En un día, en el que tu mente de Padre empezaba a poner rostro a cada hijo de una forma muy personal, quisiste pensar en mí para regalarme un sitio grato donde establecerme. Pero antes de hacerlo, empezaste a crear -una tras otra- todas las cosas maravillosas que, cada día encuentro en mi camino y que, me pasan desapercibidas por tantas veces como las he visto.

Sin embargo, hoy, aquí en tu presencia, casi no me atrevo a preguntarte qué dirías de todo esto que creaste para mí, si decidieras darte un paseo por la tierra. Posiblemente me preguntarías:

  • ¿Qué has hecho y qué haces con la creación que te regalé?
  • ¿Qué estás haciendo con la dignidad del ser humano?
  • Y… ¿qué puedes decir de tu condición de hermano e hijo del mismo Padre?

ME ELIGIO EL SEÑOR

         Dios, fue el que nos eligió para trabajar con Él. Nos eligió, para que completásemos la obra que Él había comenzado. Y, admira ver que, Dios no nos eligió al azar, Él conocía hasta lo más profundo de nuestro ser y… a pesar de todo, optó por nosotros.

         Pero, ¿dónde estaba yo en aquel momento Señor? Tú eras “aprendiz de amor” me dijo el Señor; estabas “aprendiendo a ser persona” y lo sigues estando. Toda tu vida serás “aprendiz” y te conviene tenerlo muy en cuenta para que, nunca te creas más que los demás.

         Quedé pensando y a mi mente vinieron las palabras de S. Pablo: “Dios escoge a lo débil del mundo para confundir a los poderosos” Todo eso que, tan ”importantes” nos hace ante los demás, deja de contar cuando nos acercamos a Dios.

  • ¿He pensado alguna vez que, Dios eligió una vida para mí y me la regaló?
  • ¿Se me ha pasado por la cabeza que, estoy aprendiendo a ser persona?
  • ¿Qué estoy aprendiendo a amar?

FUI CONSAGRADO

Al poner este epígrafe, me resultaba difícil ver que, Dios se dirigía a mí, a nosotros, a cualquier persona. Parece que, al hablar de consagrados nos estamos refiriendo a sacerdotes, monjas… a personas que, han dejado todo para dedicarse al Señor. Pero no es así. La palabra consagración es mucho más amplia de lo que, pensamos –si es que alguna vez pensamos en ello-

Es verdad que el mundo donde vivimos no nos lo poner fácil. Para muchas personas de nuestro entorno, alérgicas a todo lo que suene a sagrado, la consagración resulta algo incomprensible, irrelevante, trasnochado, improductivo… No necesitamos nada más que preguntar, qué opinan de los consagrados que viven en clausura.

Sin embargo, la consagración es un don de Dios, es la Alianza que Dios hace con su pueblo, con la humanidad, con cada uno de nosotros.

Todos fuimos consagrados por el bautismo. Todos somos el rostro de Dios, testimonio de la bondad de Cristo. Somos hechos a imagen y semejanza suya. Somos pueblo consagrado.

  • ¿He pensado alguna vez que, fui consagrado por el bautismo?
  • ¿Me he parado a pensar que soy rostro de Cristo, testimonio de su bondad?

Ante nosotros aparece, el ejemplo de consagración por excelencia: María. María es el modelo de la consagración y seguimiento a Cristo.

Lo vimos con claridad en Navidad. María es elegida por el Señor, es la que se entrega a Dios en su totalidad, es la que acoge las iniciativas de Dios sin preguntar, sin condiciones, María es el modelo de acogida de la gracia y, María, sin ser monja, ni sacerdote; siendo una criatura humilde y pobre, entrega su disponibilidad a Dios y se consagra a Él, de tal manera que, se realiza en ella  el misterio de la Encarnación.

No puede estar más claro. Consagrarse no es recitar una fórmula, ni aceptar una serie de condiciones a cumplir. Consagrarse es: Optar en libertad, por una persona: Jesucristo. Es enamorarte de su proyecto. Es… entregarle a Dios la llave de nuestra vida. Es tener el corazón abierto, para ayudar a cuantos lleguen a nosotros con alguna necesidad, es responder sin condiciones al amor que Dios nos regala.

Y ahora que, sé todo esto y sé que, el que consagra es Dios,

  • ¿Qué sentimientos se producen dentro de mí?
  • ¿Cuál es mi respuesta?

Aquí os dejo la afirmación, tratemos de no olvidarla:

“Dios nos escogió, entes de la creación del mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor” (Efesios 1, 3)

Por Julia Merodio

Real Esclavitud de la Almudena

Somos una congregación viva que participa de manera activa en la vida de la Diócesis de Madrid, ya que su principal función es acercar al Señor a todas las personas, mostrándoles como mediadora para llegar a Él a la Santísima Virgen, en su advocación de la Almudena.