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ORACIÓN LA EPIFANÍA DEL SEÑOR

“Vieron al Niño con María, su Madre, y cayendo de rodillas lo adoraron.Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.” (Mt2,11

La palabra Epifanía significa la Manifestación del Señor. Dios se revela a todas las gentes, representadas hoy por los Magos. Se desvela de esa manera la hermosa realidad de Dios que viene a nosotros, para que los hombres de toda raza, lengua,pueblo y nación, acogidos y amados por él.Acerquémonos a Dios que se ha hecho Niño para ofrecerle nuestros dones y adorándolo seremos llenados de inmensa alegría, como lo fueron los Magos de Oriente.Significado de los Reyes Magos en el Belén(Papa Francisco,Carta Apostólica Admirabile signum, 10)

Cuando se acerca la fiesta de la Epifanía, se colocan en el Nacimiento las tres figuras de los Reyes Magos. Observando la estrella, aquellos sabios y ricos señores de Oriente se habían puesto en camino hacia Belén para conocer a Jesús y ofrecerle dones: oro, incienso y mirra. También estos regalos tienen un significado alegórico: el oro honra la realeza de Jesús; el incienso su divinidad; la mirra su santa humanidad que conocerá la muerte y la sepultura.Contemplando esta escena en el belén, estamos llamados a reflexionar sobre la responsabilidad que cada cristiano tiene de ser evangelizador. Cada uno de nosotros se hace portador de la Buena Noticia con los que encuentra, testimoniando con acciones concretas de misericordia la alegría de haber encontrado a Jesús y su amor.Los Magos enseñan que se puede comenzar desde muy lejos para llegar a Cristo. Son hombres ricos, sabios extranjeros, sedientos de lo infinito, que parten para un largo y peligroso viaje que los lleva hasta Belén (cf. Mt 2,1-12).

Una gran alegría los invade ante el Niño Rey. No se dejan escandalizar por la pobreza del ambiente; no dudan en ponerse de rodillas y adorarlo.Ante Él comprenden que Dios, igual que regula con soberana sabiduría el curso de las estrellas, guía el curso de la historia, abajando a los poderosos y exaltando a los humildes. Y ciertamente, llegados a su país, habrán contado este encuentro sorprendente con el Mesías, inaugurando el viaje del Evangelio entre las gentes.

MeditaciónTambién nosotros estamos invitados a ser unos nuevos Magos ante ese Niño que, lleno de amor, ha querido nacer de nuevo para nosotros. Del mismo modo que los Magos van al Señor no para recibir, sino para dar, nos podemos preguntar si nosotros le hemos llevado algún presente a Jesús para su fiesta en Navidad, o si vamos a su presencia con las manos vacías. Si así es, hoy lo podemos remediar. El Evangelio nos muestra esa pequeña lista de regalosque Jesús desea recibir: oro, incienso y mirra.El oro, que eslomáspreciosoque existe, nos recuerda que a Dios hay que darle siempre el primer lugar. Se le adora. Pero para hacerlo es necesario que nosotros mismos cedamos el primer puestoen el que nos situamos, no considerándonos autosuficientes sino necesitados.Luego está el incienso, que simboliza la relación con el Señor, la oración, que como un perfume sube hasta Dios. Pero, así como el incienso necesita quemarse para perfumar, la oración necesita también “quemar” un poco de nuestro valioso tiempo:gastarlo para el Señor. Y hacerlo de verdad, no solo con palabras, sino con nuestros hechos.Y apropósito de los mismos, ahí está la mirra, el ungüento que se usará para envolver con amor el cuerpo de Jesús bajado de la Cruz. El Señor deseaque cuidemos con ese mismo amor a los cuerpos de nuestros hermanos sumidos enel sufrimiento, de lacarne más débil, del que se ha quedado atrás, de quien solo puede recibir sin dar nada material a cambio.

La gratuidad, la misericordia hacia el que no puede devolvernos lo que hacemos por él,es preciosa a los ojos de Dios.Dar gratuitamente, por el Señor, sin esperar ninguna recompensa: esta es la señal segura de que se ha encontrado a Jesús. Hacer el bien sin cálculos, incluso cuando nadie nos lo pide, cuando no ganamos nada con ello, cuando no nos gusta. Dios quiere esto.Él, que se ha hecho pequeño por nosotros, nos pide que ofrezcamos algo para sus hermanos más pequeños: los enfermos, los ancianos, dependientes. Y estos dones, que Jesús también desea recibir :cuidar a los enfermos, dedicar tiempo a los que se encuentran solos, atender a nuestros mayores, consolar a los que sufren.Vayamos, como los Magos de Oriente, a ofrecer con generosidad los dones de nuestro amor al Niño. Y sentiremos cómo su cálida mirada llena de su amor nuestro pobre corazón, cómo nos inunda la verdadera alegría, cómo seremos inmensamente felices adorando a ese Dios que se ha hecho hombre por nosotros.

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Real Esclavitud de la Almudena

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